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11 sept. 2011

Al bajar del avión (8 y 9)

(8)
Se nos pasaron las horas muy rápido y tuvimos que ir corriendo al campus porque a las 9 cerraban la puerta de entrada, aunque después, normalmente, hasta las doce podíamos estar fuera excepto los jueves, que nos daban permiso hasta las 2: 30. Ésa noche la comida de la cena estaba realmente asquerosa, pero Jorge y Ander no pararon de hacer bromas y lo pasamos muy bien. Después de cenar, nos fuimos a duchar y nos pusimos monas para salir con los chicos.
Ruth: vestido oscuro ajustado brillante y manoletinas negras, ¡estaba guapísima!
Alba: pitillos tejanos claritos, una blusa morada y taconazos negros, le sentaba genial, de verdad.
Maitane: falda verde y básica blanca, sus sandalias planas (ella es bastante alta, me saca 3 dedos) eran color camel,  le quedaba súper bien.
Yo: pitillos tejanos gastados, camiseta negra, cinturón azul oscuro de goma y sandalias romanas de tiras, no me quedaba mal, jajaja.
Entonces, todas diferentes i preparadas fuimos hacia la entrada. En el muro del lado de la verja nos encontramos  los chicos esperándonos y con ellos a Mike (el que se sienta junto a Lucia en biología) y a Alexis, el chico que se sienta junto a mi en física y al que se le da mucho mejor que a mi dicha materia.  Ellos iban muy informales… Todos con jeans y camisas de manga corta. De cuadros, a rayas, lisas,… Lo que de verdad importaba es que les sentaban muy bien. Esa noche invitaban ellos. También era jueves. Todo era perfecto. Tenía muchísimas ganas de pasarlo bien. Por suerte los chicos habían cogido billetes de metro, según ellos, para poder ir a un pub que pillaba lejos de allí. 

(9)
La sorpresa llegó cuando nos dimos cuenta de que nos habían llevado a una fiesta privada que habían organizado unos amigos suyos en una casa lejos del centro. ¡Vaya mansión! Aún no me explico cómo lo habían conseguido. Un dj. alucinante, una mesa llena de bebidas, un salón lleno de gente, y un jardín impresionante con césped y piscina. Lástima, ésa noche no había luna. Pero podía apreciar todas y cada una de las estrellas del firmamento.  La verdad es que tuve que salir sola a la terraza. Quería estar sola y pensar.
Pensar resultó difícil. Demasiadas cosas en la cabeza. Estar sola no, aunque estaba rodeada de gente, sentí que podía hacer lo que quisiera que no lo notaría nadie excepto las estrellas, que lo guardarían todo en secreto, mi pequeño secreto con el cielo.
Lucía se había ido a bailar en un rincón con Mike, seguro que lo estaba pasando bien.  Alba estaba con el dj., la música le vuelve loca. Maitane y Ander estaban charlando con Ruth, Jorge y Caroline, la prima de Mike. Ruth estaba bailando como una loca en medio de la multitud. Yo continuaba sola en la terraza, tumbada en el suelo y apoyada en un árbol robusto, entonces pasó algo que aún no consigo entender.
Mike y otro chico que yo apenas conocía salieron a al jardín entre empujones y empellones. En ése mismo instante me levanté para intentar separarles, lo mismo que hacían Lucía, Alba, Ruth y Maitane pero la gente empezó a formar un torbellino alrededor nuestro y una mano fuerte y segura me quitó de en medio y me llevó hacia las escaleras. Yo, abducida por él, por el dueño de la mano que tiraba de mí hacia arriba subí las escaleras ligera y con rapidez hacia la terraza más bonita que alguien hubiera podido imaginar. Hamacas, luces tenues y… Alexis. No le había reconocido entre el tumulto de gente pero allí estábamos. Él, yo y las estrellas. Estaba sorprendida, sí, pero no puedo negar que me gustaba ésa situación.
¿Alexis? Sí, él. Mi compañero de química. El que me ayuda con mis deberes cada miércoles por la tarde en sus horas libres. El que vive en un pueblo que está verdaderamente cerca de mi casa. El chico más atractivo, ¿qué digo?, guapo del campus. El chico con los ojos azules más sinceros que nunca han estado tan cerca de los míos y… el chico con los labios más suaves que jamás me han besado. Sí, me ha besado. Me ha besado ahora, hoy. Una y otra vez. Con amor. Con dulzura. Y yo, al final, me dejo llevar por él y le beso. Y nos besamos. Locuras de las noches de jueves.

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